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El respeto, la teoría del todo

El respeto es el principio generativo de Lean. El autor traza cómo este se proyecta hacia uno mismo, el equipo, los clientes, los proveedores y la sociedad, distinguiendo así la transformación real de la mera deferencia.

Como seres humanos, nos sentimos atraídos por las ideas unificadoras: principios únicos que aportan orden a la complejidad. Stephen Hawking, por ejemplo, pasó décadas buscando una en el campo de la física: una teoría capaz de reconciliar la gravedad, el electromagnetismo y las fuerzas nucleares en un marco coherente y único. Nunca la encontró. Los filósofos y especialistas en ética han tenido más suerte: la regla de oro (tratar a los demás como uno desea ser tratado) aparece en prácticamente todas las tradiciones morales a lo largo de la historia de la humanidad; es un ejemplo poco común de un principio tan fundamental que trasciende culturas, religiones y épocas.

En el modelo Lean también existe un principio unificador de este tipo. Es la raíz de la que surgen todas las herramientas Lean, toda la metodología Lean y la filosofía completa de la mejora continua. Se trata del respeto. No es un valor decorativo para colgar en las paredes de la empresa. No es cortesía, diplomacia ni armonía social. El respeto —en su acepción más exigente— es el principio generador del que derivan todos los demás elementos de una transformación auténtica. El Toyota Way 2001 se fundamenta, en su totalidad, en este principio. Cada herramienta, cada práctica y cada comportamiento Lean constituye, en esencia, un acto de respeto hacia alguien o algo.

Me llevó años comprender esto con tanta claridad.

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